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jueves, 16 de enero de 2014

¿Fue la Isla Friendship el Último Búnker de Hitler?

El periodista chileno Osvaldo Muray —quien en 1966 cogió uno de los primeros hilos de la madeja que llevaría a desentrañar los misterios del caso del enclave alemán en Chile «Colonia Dignidad»—, es autor de un libro titulado «Chile: El Último Búnker de Hitler». El siguiente es un anticipo de su investigación, del análisis de las evidencias que ha reunido y de la posible huida del Führer desde Berlín para refugiarse nada menos que en la Isla Friendship.

(Artículo publicado con el título original de «Hitler vivió y murió en Chile» en la Revista «Ercilla» N° 3.295, del 5 al 18 de junio del 2006).

Cualquier persona que se haya interesado en Adolf Hitler, dictador de Alemania y fundador del nazismo, sabrá que su destino final se ha equilibrado entre dos alternativas:
a) Se suicidó en su refugio subterráneo de Berlín, junto a Eva Braun —luego de casarse con ella—, y los cadáveres de ambos se consumieron en una pira alimentada con 200 litros de petróleo. Dicha tesis fue aceptada finalmente por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial en Europa —los Aliados, encabezados por Inglaterra, Rusia y Estados Unidos— que pronto se olvidaron del Führer.

b) Hitler escapó de Berlín y abordando un submarino, integrante de un convoy de naves semejantes, se dirigió al sur del planeta.
En esta parte de la teoría hay dos versiones diferentes. La primera, que se refugió en un escondite subterráneo en un remoto y casi inexplorado territorio antártico, descubierto y bautizado por los noruegos a comienzos de los años 20 como Tierra de la Reina Maud. Y que esta tesis no era una locura lo demuestran las expediciones militares norteamericanas que fueron a la Antártida en busca de un posible búnker secreto del Führer. La segunda versión asegura que Hitler buscó refugio en Argentina, muy cerca de Bariloche. Autores que han teorizado profusamente sobre esta última posibilidad aseguran que Hitler asistió a algunas cenas en su honor, o que conversó con varias mujeres que lo reconocieron como el desaparecido líder de los nazis.

Cuando el fantasma del Führer se atravesó en mis afanes periodísticos, a fines de los años 90 y en forma impensada y sorprendente, se entreveró con el tema de Colonia Dignidad (que era mi propio fantasma desde 1966), pero rechacé la idea por demasiado fantástica. Sin embargo, algo había sucedido a fines de los 80 que me hizo repensar el asunto. Cierto día, un periodista del diario «Fortín Mapocho»Sergio Gutiérrez Patri, editor nacional del periódico, en el que yo era editor del sector Justicia— se me acercó acompañado de una persona que lo fue a visitar, diciéndome: «Te presento a un apreciado amigo, don Pedro Mansilla, arquitecto del Ministerio de Obras Públicas y destacado competidor internacional de deportes submarinos, quien tiene una historia que te va a interesar». De esta manera conocí a Pedro y escuché su sorprendente relato sobre el hallazgo de un submarino, a doscientos metros de una desértica playa en el sur chileno. Junto con su relato, Pedro me dibujó un plano con la ubicación del navío.

Pero los periodistas vivíamos horas turbulentas en Chile. Se había ganado el plebiscito, que puso fin al régimen de Pinochet y el país se aprestaba a su prueba de fuego: una elección democrática para designar un presidente de la República, luego de 17 años de dictadura. Nadie tenía tiempo para submarinos misteriosos. El relato de Pedro Mansilla y el plano de ubicación del navío quedaron para mejores tiempos, archivados en la memoria.


EL SECRETO DE DIGNIDAD

A fines de 1997, a casi una década de la entrevista con Mansilla, caí en la cuenta de que Colonia Dignidad había cumplido treinta años como noticia y los escándalos en la organización germana seguían vigentes, y en aumento, como vigentes estaban este reportero y la revista Ercilla, autores de la denuncia que sacó al enclave alemán de su siesta pueblerina, en marzo de 1966. Entonces propuse publicar una serie de crónicas con un recuento histórico, haciendo notar que Dignidad, que fuera información exclusiva de Ercilla en 1966, había cumplido tres décadas en el plano noticioso y continuaban las informaciones sobre irregularidades como en sus primeros tiempos. Por aquellos días, la justicia iniciaba un nuevo proceso contra el inubicable Paul Schaefer, esta vez a petición del Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

Frente a este renacer del caso, volví a los enigmas de Colonia Dignidad mientras comenzaban a suceder cosas inesperadas. Cierto día de la primavera de 1998, conversando con un analista policial sobre el oculto poder que parecía tener Schaefer, me dijo: «Hemos llegado a la conclusión de que este sujeto posee el conocimiento de algún gran secreto, tal vez de carácter político, por lo que nadie se atreve a hacerle frente». Y agregó sobre la marcha: «Y ese secreto debe ser de tal magnitud que ni siquiera el Gobierno alemán adopta una decisión drástica sobre la colonia, pese a que en Berlín se conoce al dedillo el régimen de esclavitud que agobia a los más de trescientos colonos». Le pregunté cual podría ser dicho secreto y mi amigo replicó: «Es una sospecha solamente, pero demasiado fantástica para hablar de ella».

Esta breve conversación me dejó cavilando un par de meses. En esas cavilaciones descarté que se tratara del ocultamiento en Dignidad de alguno de los criminales de guerra nazis «sumergidos», tales como Borman, Méngele, o algún otro de la cincuentena de grandes asesinos del Tercer Reich, aún con vida. A fines de los 90, los «sumergidos» seguían capeando la intensa persecución judía. Contribuyendo a descartar a los criminales de guerra prófugos, consideré que todos ellos tenían órdenes de captura cursadas por Alemania y otros países, por lo cual no gozarían de la protección del Gobierno germano. Asimismo, los jerarcas de la Colonia habían asegurado que en sus tierras no le darían refugio a ningún nazi connotado. Dignidad evitaba teñirse públicamente de nazista, porque tal etiqueta pondría en peligro su secreta misión oficial, cual era ser un enclave anticomunista para evitar que Chile se convirtiera en una segunda Cuba.

Pero esta oculta «misión» de Dignidad, aceptada sin reparos por los gobiernos de Jorge Alessandri y los que le siguieron, y apoyada alegremente por numerosos políticos de derecha y centro, planteaba una nueva interrogante: ¿Por qué la Inteligencia alemana se preocupa del comunismo en Chile, que es el coto de caza privado de la CIA? Y un segundo enigma: ¿No habrá otra razón, más oculta aún, que el combate anticomunista, y que este combate sea un biombo que oculte otro secreto más trascendente para Alemania?

De tanto darle vueltas al asunto, recordé de pronto a Pedro Mansilla y su submarino... ¿Submarino? Y la palabra me trajo el recuerdo de algunas conjeturas surgidas en diversos ámbitos, especialmente europeos, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Esas teorías aseguraban que Hitler había escapado al sur del mundo en una flotilla de submarinos, pero nadie, hasta ahora, había mostrado alguna de tales naves como prueba de indiscutible seriedad.

El próximo y obvio paso era estudiar a Hitler, a los nazis y los últimos días de la guerra en Europa; mejor dicho, la batalla de Berlín. Decididamente, el fantasma recurrente de Adolf Hitler Polz se había instalado en mis preocupaciones. En esta pesquisa, que me llevó a penetrar en las profundidades de medio siglo de historias y rumores, yo buscaba antecedentes que desvirtuaran mi idea del Führer en Chile. Durante dos años estudié libros y crónicas periodísticas que hablaban sobre el tema, esperando que en algún momento surgiera la prueba definitiva de que mis sospechas eran erradas y que Hitler jamás pisó tierra chilena.


¿SUICIDIOS EN EL BÚNKER?

Pero ante cada hallazgo de nuevos antecedentes aparecían algunas evidencias que afirmaban lo contrario, puesto que todos los hechos conocidos y registrados históricamente apuntan a la fuga del Führer pocos días antes que finalice abril de 1945. Esto significaría, por ende, que el matrimonio de Hitler con Eva Braun corrió a cargo de un par de infortunados dobles —o sosias— de uno y otra, quienes, desgraciadamente, fueron asesinados sin testigos en la habitación privada de Hitler. Y es un hecho confirmado que el Führer usaba a sus dobles en ciertas actividades públicas por motivos de seguridad o para confundir a sus enemigos. De este modo, los dos asesinatos en el búnker se hicieron pasar por suicidios.

Es tan poco fiable la identificación de los cadáveres por parte de los testigos que se «reclutaron» para este trágico montaje, que una cocinera, al serle preguntada por las autoridades de ocupación aliadas si estaba segura de que el cadáver que vio era de la Braun, afirmó: «A ella la sacaron envuelta en una frazada para quemarla, pero le sobresalían los pies y llevaba los mismos zapatos que usara en la mañana». Vale decir, la mujer identificó un calzado semejante al que usaba Eva Braun, pero no a la supuesta esposa del Führer.

Otra de las precauciones adoptadas para encubrir la fuga la tomó el mismo Hitler, al exigir a su hombre de confianza, su chofer personal, que tras su suicidio y el de Eva los rociaran con 200 litros de petróleo para reducir los cuerpos a cenizas, «porque no quiero ir a parar a un museo de Moscú». Pero es también creíble que la finalidad de la incineración era evitar que los vencedores recuperaran los cuerpos y constataran que los supuestos suicidas eran perfectos sosias de ambos. Esta estratagema resultó, porque los vencedores, oficialmente, aceptaron la identificación de los restos sin contar con pruebas científicas rigurosas. No obstante, a título personal, todos los líderes —tanto rusos, que hallaron los cuerpos calcinados, como los demás aliados— dijeron desconfiar de esa solución, para opinar que Hitler se había dado a la fuga. Y dichas opiniones eran para tenerlas en cuenta, porque las emitieron Stalin, Eisenhower, Bedell Smith, el mariscal Zhukov y el coronel-general ruso Alexander Gorbatov. Este último era el representante de Stalin en la Kommandatura de Berlín y declaró a los periodistas occidentales el 30 de julio de 1945 que «no hay la menor prueba de la muerte de Hitler y lo más probable es que haya escapado de Alemania». A mayor abundamiento, todos quienes de una u otra forma tuvieron que ver con la invasión y ocupación de Berlín, fueron de la misma opinión.


EL GRAN ESCAPE

A estas alturas de la pesquisa era más que obvio que Hitler se había escapado del Führerbunker. ¿Cómo lo hizo, cuando la capital del Tercer Reich estaba rodeada de soldados rusos por sus cuatro costados? Encontré varias versiones del sistema empleado para el gran escape, pero la que más se acerca al trayecto seguido entre su refugio y el puerto noruego de Kristiansund —donde le aguardaba la flotilla de submarinos— curiosamente la publicó la revista chilena Zig-Zag, el 16 de enero de 1948, señalando:
«El 30 de enero de 1945, el capitán Peter Baumgart transportó a Adolf Hitler, a Eva Braun y a un grupo de leales amigos, desde Tempelhof (aeropuerto de Berlín) hasta Tondern, en Dinamarca, y desde allí a Kristiansand, en Noruega, donde les esperaba la flotilla de submarinos».
Esta versión necesita algunos reparos y precisiones. De partida, la fecha de la fuga no corresponde en absoluto a los hechos conocidos. La fecha más aproximada es la del 19 de abril en adelante, cuando el propio Führer le dice a Karl Doenitz que a partir de ese momento él desaparece y el Gran Almirante (es su título por ser el Comandante en Jefe de la Armada alemana - N. del A.) debe asumir la conducción del Reich. «Usted es un soldado —enfatiza perentoriamente Hitler a Doenitz— y debe obedecer mis órdenes. El marino, no obstante, recién a fines de abril, toma el mando de Alemania y el cargo de Führer (máximo jefe militar).

En la información de la revista Zig-Zag de 1948 se dice que a Hitler le acompañó en su fuga, aparte de Eva Braun, un grupo de amigos. Esto es coherente con otra versión que asegura que el Führer fue llevado a Dinamarca en un avión «Arado 555».

Aquí es necesaria una explicación aclaratoria. Los últimos personajes que llegaron o salieron de Berlín —mejor dicho, del búnker de Hitler— en el mes de abril, lo debieron hacer en pequeños aviones que podían aterrizar o despegar desde una amplia avenida frente al edificio de la Cancillería del Reich (sede del Partido Nazi), conocida como el Eje Este-Oeste, por lo cual es muy posible —y eso nos permite fijar con mayor exactitud la fecha de la fuga— la presencia del Arado 555. Este avión era capaz de transportar a varios pasajeros, lo que es imposible para un pequeño monomotor que a lo sumo transporta a dos o tres personas. El Arado era un monstruo del aire, pero llegó demasiado tarde, como muchas otras armas secretas de Hitler. Se trataba del primer avión a reacción del mundo, dotado de seis motores y capaz de ir desde Alemania a Nueva York, dejar caer cuatro toneladas de bombas y regresar a su base, sin reabastecerse de combustible.

Pero hizo su aparición cuando ya Alemania había perdido la guerra y el único aparato que salió de la fábrica Arado sólo sirvió para rescatar a Hitler desde su refugio y llevarlo a Dinamarca.

Ahora, si el Arado despegó desde Tempelhof significaría que la fuga se inició, a lo menos, una semana antes que terminara el mes de abril, ya que en esos días los rusos se apoderaron del aeropuerto, único que permitiría operar al gigantesco bombardero intercontinental.


UN PARAÍSO PARA HITLER

Las maniobras del almirante Karl Doenitz durante abril despejan cualquier duda que se pudiera tener sobre su rol en la fuga del Führer. Dos años antes, en 1943, cuando Doenitz era el comandante de la flota submarina de los nazis —en esa época el arma más poderosa de Alemania— declaró a un grupo de periodistas alemanes: «Mis submarinos descubrieron un paraíso en la tierra, una admirable fortaleza para el Führer, en algún lugar del mundo. Allí podrá (Hitler) trabajar con plena tranquilidad, preparando sus nuevos planes».

No aclaró el almirante dónde estaba ese paraíso, pero no debe haber sido la Antártida. También era ilógico pensar en Argentina, que se llenó de criminales de guerra al término del conflicto, y donde los comandos judíos buscaban afanosamente a los prófugos del Tercer Reich. Para Hitler, esconderse en Bariloche, como se ha teorizado, era refugiarse en la boca del lobo.

Volviendo a Doenitz, poco antes de la debacle final, Hitler saca de su cargo al comandante en Jefe de la Armada, el Gran Almirante Raeder y nombra a Doenitz en su reemplazo. Obviamente, una medida muy estratégica del Führer. El nuevo jefe naval cambia la sede de la Comandancia en Jefe del arma, que estaba en Pilau, a orillas del Báltico, y la lleva a Flensburg, donde funciona la Escuela Naval de la Marina. ¿Cuál es la razón de este cambio?

Pilau está en el camino por donde llegan a Berlín las tropas rusas; Flensburg se ubica al norte de Alemania, también a orillas del Mar Báltico, pero fronterizo con Dinamarca que permanece en poder del Ejército alemán. Un poco más al norte de Dinamarca, tras cruzar un estrecho, está Noruega —también en poder de los nazis—, y en la esquina misma del territorio noruego, el puerto de Kristiansand, donde se reúne la flotilla del gran escape. Esto significa que un vuelo desde Berlín a Flensburg, se realiza sobre territorio controlado por Alemania, aunque los rusos ya dominen la capital del Reich.

Instalado en la Escuela Naval, Doenitz ordena que una promoción completa de submarinistas se ponga bajo sus directas órdenes y como las conversaciones sobre rendición ya están muy avanzadas con el enemigo, manda radiar una orden de rendición a todos los submarinos que navegan por el mundo. Todo este panorama tiene una sola explicación: los submarinistas van a integrar la flotilla del gran escape (¿para qué otra cosa necesita submarinistas, si la guerra está terminando?). En cuanto a la orden de rendición a los submarinos es muy evidente su intención. Cuando el enemigo se entera de tal orden cesa de perseguirlos, porque centenares de dichas naves comienzan a aflorar a la superficie del mar con bandera blanca. De este modo, la flotilla del gran escape navega casi tranquilamente rumbo a Chile.


DE CABO VERDE AL SUR DE CHILE

La flotilla, compuesta a lo menos por seis submarinos, sale de Noruega al Mar del Norte y bordea el sur de Islandia. Ya en el Atlántico, la travesía se cumple sin inconvenientes. Pero cuando la flotilla —que navega sumergida— pasa entre África y Brasil, frente a las islas del Cabo Verde, se rompe la tranquilidad de la navegación.

Es la madrugada del 4 de julio de 1945. Un destructor brasileño choca inesperadamente contra un submarino que, al parecer por la escasa profundidad en que ocurre la colisión, se estaba sumergiendo. Del barco brasileño se alerta a otro destructor que patrulla en las cercanías y todo indica —por lo que sucedió después— que los dos submarinos encargados de proteger el convoy del Führer se quedan en las proximidades del incidente para detener a los brasileños, mientras el resto de las naves escapa raudamente con rumbo sur.

El segundo destructor, que llega cuatro horas después en apoyo del primero es el Bahía con una dotación de 360 tripulantes. La situación se complica para los alemanes y uno de los submarinos de combate dispara un torpedo contra el buque recién llegado. El impacto da justamente en la proa y muy cerca de la santabárbara, por lo que la explosión causa un serio daño a la nave que comienza a hundirse con letal rapidez. De sus 360 hombres sólo se salvan 40.

Una semana después, el 12 de julio, otro destructor brasileño que ha permanecido en el área donde se hundió el Bahía detecta a un submarino y lo ataca con cargas de profundidad. Es fácil suponer que el submarino permaneció sumergido, esperando que los perseguidores se convencieran de que había escapado, para poder reanudar su travesía.

Es posible suponer que por razones estratégicas y conversaciones de muy alto nivel entre alguna autoridad nazi «sumergida» y el Gobierno argentino —claramente pro nazi—, los dos submarinos de combate cambien su trayectoria y no sigan en el convoy del Führer. Por ello, el 10 de julio se rinde en Buenos Aires el U-530, al mando del teniente de navío Otto Weirmutt y su tripulación de 54 hombres.

En medio de estas historias de rendiciones, la prensa argentina informa de avistamientos de a lo menos otros tres submarinos, uno de los cuales es apresado por la Marina, pero dejado libre después, al decir de la prensa. Tales navíos desaparecen rumbo al sur.

La flotilla del gran escape, entretanto, ha entrado al Pacífico. El submarino que transporta a Hitler fondea en el refugio que el almirante Karl Doenitz calificara como «paraíso en la tierra», y que no es otro que la hoy llamada isla Friendship, en la provincia de Aisén. Otro submarino llega hasta Valdivia, donde es hundido por su tripulación. Un tercer navío reposa en Bahía Mansa y un cuarto submarino es detectado y perseguido por la Fach [Fuerza Aérea de Chile - N. de Xentor] en Iquique, pero escapa y hoy se encuentra hundido en la costa de Antofagasta.

Un quinto submarino fue dinamitado, hundido y reflotado en una playa de la Séptima Región, pero esa nave nos cuenta otra historia, porque fue escenario de un asesinato múltiple.


¿Quiénes tenían interés en dinamitar ese submarino, instalado al costado norte y muy próximo al faro Carranza, un faro de la Armada chilena? Tras el análisis de los sucesos ocurridos en el refugio berlinés de Hitler, es forzoso arribar a una sola conclusión: Martin Borman, canciller del Partido Nazi y su hombre de confianza. En los dos últimos meses de la guerra, ninguno de los generales o mariscales del Reich tenía acceso al Führer si Borman no lo autorizaba. Su sistema era simple: aparentando relevar al jefe de sus agobiadoras tareas, «filtraba» las visitas, hasta que llegó un momento en que el Führer se tornó invisible para sus generales y líderes políticos. Sólo tres de los sátrapas del dictador no eran manejados por el canciller del partido: Goebbels, Goering y Himmler.

No cabe la menor duda de que fue Martin Borman quien ideó el gran escape, convenciendo al Führer de huir de Berlín —y de Alemania—, porque, al parecer, Hitler realmente quería morir en el Fuhrerbunker. También es evidente que Borman abandona el refugio mucho después que Hitler, en el pequeño submarino hoy abandonado en Carranza. Llegados al lugar elegido y descargados los valores que transportaba, decide eliminar a los tripulantes —quizás no a los oficiales— y para ello debe haber instalado una carga explosiva en el sector de los torpedos, donde están las literas de los marinos, la que estalló cuando éstos dormían. Hay un testigo que escuchó la detonación en horas de la madrugada.

Para ese genio maléfico que era Borman, un grupo de marinos era un potencial peligro de contar lo que sabían, decidiendo su eliminación.

Muchos años después, el administrador de la Estancia Flora, Florencio Arellano, le dijo a este periodista que unos alemanes que llegaron en avión se llevaron el contenido del barco, y mostró el cable que sirvió para reflotarlo, montando un andarivel para transportar la carga hacia la playa.

Osvaldo Muray.


Artículo original:
http://www.ercilla.cl/web/index.php?option=com_content&task=view&id=384&Itemid=4

lunes, 19 de enero de 2009

La Orden Negra

Por Xentor Xentinel


«Lo que se debe llamar la Orden Negra representa la parte oculta, la parte que se ha separado y puesto a buen recaudo. Es negra porque se encuentra demasiado cerca del Único Sol y de su Terrible Resplandor para evitar que la mirada se oscurezca y se ciegue».

(J. Parvulesco, «La Espiral Profética»).

Nuestra Civilización se encuentra en el ojo de un gran torbellino histórico. En él se están produciendo cataclismos formidables y se están revelando los signos precursores de un Gran Cambio que han ido preparando generaciones enteras de hombres entregados al Secreto.

Jean Robin, especialista en Sociedades Secretas e Historia de las Religiones, reveló en 1988 la existencia de una Gran Conspiración Internacional que parece involucrar tanto a presuntos miembros de Civilizaciones Intraterrenas como a Seres Interdimensionales.

Además, desenmascara la participación de miembros de varios Servicios de Inteligencia y hasta del propio General De Gaulle (jefe de la Resistencia y fundador de la Cuarta República Francesa) en una misteriosa Sociedad Secreta infiltrada en Francia, Europa y el mundo entero.

Las revelaciones que se han estado haciendo en Francia desde inicios de los 80, y la interpretación que de ellas ha dado Jean Robin, nos trasladan hasta la apoteosis de un mito: la existencia de una poderosa y omnisciente Orden Negra, cuyas raíces abrazan a un Nazismo Esotérico que habría estremecido al mismísimo Wagner.

Según las investigaciones de Robin, la finalidad de esta Supersociedad Secreta de Iniciados es la de preparar al mundo para el advenimiento de «Aquel», del que Adolf Hitler no habría sido más que un precursor. Por eso no faltan los que interpretan que tras estas particulares «revelaciones» se esconde el anuncio de la llegada del mítico Anticristo.


7 ALDABONAZOS DE ULTRATUMBA

Todo comenzó en 1982, cuando Martin Couderc de Hauteclaire, un antiguo miembro de la Fuerza Aérea convertido ahora en Sacerdote, comenzó a publicar una trilogía.

Su primera entrega llevaba por título «El Libro de los Compañeros Secretos: Las Enseñanzas Secretas del General De Gaulle», donde se revelaba la existencia de la Orden de los 45 u Orden de los Compañeros Secretos, de quien el General De Gaulle habría sido su fundador.

En 1984, De Gaulle publicó la segunda parte: «La Boucane contra la Orden Negra», una obra llena de anécdotas y de revelaciones increíbles acerca de sus aventuras en Canadá en contra de la Orden Negra.

Finalmente, en 1986, publicó la tercera parte bajo el título de «El Manifiesto de los 45 y de sus Jóvenes Compañeros», donde revelaba que las Bases de la Orden Negra habían sido trasladadas a la Tierra del Fuego, en el extremo sur de América.

Los contenidos de esta trilogía coinciden con las tres primeras cartas de un total de 7, que De Gaulle habría legado a sus Compañeros de Orden para que fueran abiertas una vez transcurridos 10 años de su muerte.

El objetivo que persiguió De Gaulle con ellas era que sirvieran de aldabonazos que despertaran y llamaran a la acción a sus todavía seguidores.

De Gaulle, para quien «Francia sin grandeza no es Francia», creía que tenía una especie de «misión» que desempeñar como heraldo del advenimiento del Gran Monarca.

Según argumenta simbólicamente San Remy, este Gran Monarca debía venir al Final de los Tiempos para conducir al planeta hacia la consecución de los oscuros designios trazados para él por la Divinidad: «Francia no podrá cerrar su historia más dignamente en los días de la Parusía», declaró.

Con la entrada en juego de la Orden Negra, el «mítico» objetivo de llevar al poder a un único Gran Monarca Mundial no quedaría sólo en los «planes» del Destino, sino que revela la existencia de un meditado plan para llevarlo a cabo.


DONDE CONVERGE LO IMPENSABLE

En su libro «Operación Orth», Jean Robin nos revela toda una trama donde se entremezclan Discos Voladores, poderosos Talismanes egipcios y toda la espesa mitología que se anuda alrededor de la región francesa del Razès, cerca de Carcasone.

Las investigaciones de este ensayista acaban por conducirle a toda una compleja red de túneles secretos que existen en Sudamérica, donde la Orden tiene su cuartel general actualmente y desde donde ejecuta sus acciones.

Parece ser que la finalidad práctica de la Orden de los 45 consistió en luchar contra la Orden Negra. Sin embargo, Jean Robin, que perteneció a la primera de estas dos Sociedades, afirma que con el paso del tiempo se vio completamente absorbida por la última, transformándose entonces en su «tapadera» esotérica.


AGENTES COSMOTELÚRICOS

El filósofo y pintor ruso Nikolai Rierij ha señalado reiteradamente que ciertas Inteligencias Cósmicas dispersaron por todo el planeta Sensores y Emisores de Energía, con la intención de mantenerse al tanto del desarrollo objetivo del Planeta y de la Civilización. Y así poder introducir los correctivos pertinentes en caso de necesidad.

Esos Sensores —siempre según Rierij—, son como magnetos que sirven de Balizas Estabilizadoras en el camino de la Evolución sobre la Tierra, actuando como atractores del flujo (en apariencia casual) de ciertos acontecimientos vinculados con el desarrollo global de la Conciencia.

Según han podido saber autores como Robin, la Orden Negra, desde tiempos inmemoriales, tendría acceso a la localización de algunos de esos instrumentos o Agentes Cosmotelúricos.

En la Tercera Carta Secreta de De Gaulle a la Orden de los 45 se asegura que ha llegado ya el momento de instalar en los alrededores de Rennes-le-Chateau ciertos instrumentos relacionados con las Radiaciones Cósmicas y Telúricas, cuya finalidad sería propiciar, como Catalizadores Energéticos, el advenimiento de cierto acontecimiento que aquella Orden espera.


LA OPERACIÓN ORTH

Pierre (nombre ficticio), un experimentado piloto y amigo de Jean Robin, al compartir los intereses de éste y queriendo seguir su ejemplo, fue aceptado en la Orden de los 45 unos meses después que Robin la abandonara.

A principios de Junio de 1987, Pierre le contó a Robin que, rodeado de miembros desconocidos de la Orden y con una identidad falsa, había tenido acceso a la Base Aérea Militar de Francazal, donde se le invitó a entrenarse regularmente en grandes aviones Transalls que contaban con dispositivos especiales.

Al parecer, se trataba de aparatos destinados a la navegación polar y de instrumentos inéditos de medición telúrica, llamados Horbig, y que exigían la presencia de 10 técnicos en la cola del avión. Algunos de estos aparatos volvían los Transalls invisibles para los radares.

Además de sus vuelos en el Transall, Pierre debía someterse a pruebas en DC-8 e Hidroaviones. Simultáneamente, prestó juramento frente al deán (nonagenario) de la Orden, un hombre apodado Hoang Chang.

A finales de Junio, Pierre es convocado por el Padre Martin a su apartamento, para ser informado sobre la «Operación Orth».

Ésta consistiría en sustraer un importante Talismán (Robin lo llama «El Talismán de Seth») del Cementerio de Millau (Aveyron), y transportarlo a la Isla de los Osos, posesión noruega al sur del Spitzberg… poniéndolo, de este modo, fuera del alcance de la Orden Negra.

Pierre es propuesto para esta Operación como copiloto.

El Viernes 3 de Julio, hacia las 23:00 Hrs, Pierre es sorprendido por tres hombres a bordo de un Citröen, en la casa apartada donde vive. El Jefe de Comando lo convoca a «Sloty-Calvat», la primera fase de la Operación.

Con un transmisor en mano, debía vigilar, mientras tres hombres se dirigían al cementerio. Al cabo de media hora, regresan acompañados de un refuerzo de hombres y una furgoneta con una caja alta, cuadrada y pesada en su interior, con el Talismán dentro, y que se dirige a la Meseta de Larzac.

Allí, un helicóptero al que llaman «Ícaro», llega para cargar el cofre, y a los miembros del Comando. Despega con las luces apagadas y en vuelo rasante (ayudándose con el radar y el altímetro) hasta la pista privada de Moussoulens, cerca de Carcasona, reservada a la administración del Estado.

El Domingo 5 de Julio, a las 2:00 AM, se inicia «Woëvre», la segunda fase. El Transall despegará con destino al aeródromo militar de Montmédy-Marville, cerca de Stenay, en las Ardenas. Pero, por razones desconocidas, Pierre es descartado en el último momento.

La Operación culminará con un segundo avión que, proveniente de Noruega, tomará el misterioso cargamento de allí, para depositarlo en la Isla de los Osos.


LAS REFLEXIONES DE ROBIN

Cuando Robin oyó de su amigo el nombre «Sloty», recordó una novela que «casualmente» había leído tiempo atrás: «La Insólita Aventura de Marina Sloty», de Raoul de Warren, cuya joven heroína vivía en Millau y cuya acción se desarrollaba en 1959 en el marco salvaje de Larzac...

En la novela, experiencias «de pequeña envergadura» realizadas bajo el patrocinio de la Comisión de Energía Atómica, provocan una «falla» en el continuum espacio-temporal, y Marina Sloty, debido a una serie de idas y venidas entre 1959 y 1970, experimentaba increíbles complicaciones familiares...

Robin también recordó, casi mecánicamente, que según el Padre Martin, el General De Gaulle, antes de su regreso al poder en 1958, se había interesado por las experiencias que se llevaban a cabo en la Meseta de Larzac, relacionadas con «el papel escatológico de Francia».

El nombre «Calvat» le remitió a Mélanie Calvat, la pastora de las Apariciones Marianas de La Salette, y que profetizaba, entre otras cosas, la destrucción de París por el fuego (¿nuclear?).


JEAN ORTH

En cuanto al nombre de la Operación, le remitió al brillante y rebelde Archiduque «Jean Orth» (Jean-Népomucène Salvador de Habsburgo), que en Febrero de 1889 renegara de su condición y privilegios, redactando un testamento político, que terminaba de este modo:

«En los más respetuosos términos, haré saber al Emperador que el estatuto dinástico de los Habsburgo ya no es mi ley; que dejo de pertenecer a la familia imperial; que, por lo tanto, abandono mi rango, mi título, mis posesiones y todas mis prerrogativas de archiduque para convertirme en un hombre común, con un nombre burgués, simplemente Jean Orth…».

Tras esto, el 14 de Octubre, Jean Orth es privado de la nacionalidad austriaca, teniendo prohibido permanecer en el Imperio. El 16, deja su país, sin intención de regresar.

En ese momento, obedeciendo a una misteriosa llamada, se dirige a la no menos enigmática región francesa de Rennes-le-Chateau, a fin de encontrarse con otro rebelde: el abate Berenguer Saunière. Sólo Dios sabe qué confabularon.

Tras este lapso olvidado por la historia, Jean Orth deja Francia el 26 de Marzo de 1890, en la Santa Margarita, un barco de tres mástiles que acababa de adquirir. Después de 24 días de navegación, arriba al puerto de Ensenada, en Argentina.

El 10 de Julio anunció su intención de explorar Tierra del Fuego y los alrededores del Cabo de Hornos. Y no se supo más. Se llegó a la conclusión de que había encontrado la muerte en los arrecifes del Cabo de Hornos, en Julio de 1890. Sin embargo, una tradición afirma que fue una desaparición simulada.

Julio Verne, un amigo de su hermano Luis Salvador de Austria, lo sabía bien y lo convirtió en héroe de uno de sus libros, «Los Náufragos de Jonathan», que narraba la historia de unas desafortunadas personas que prueban su suerte en el extremo del mundo y que se encuentran en una isla de Tierra del Fuego gobernada por un anarquista, el Kaw-Djer.

Este Príncipe lo ha abandonado todo por un ideal: «Soy enemigo irreconciliable de cualquier gobierno que sea». Pero, para Julio Verne, la extrema libertad da origen, irremediablemente, a la tiranía. De modo que el Kaw-Djer, alias Jean Orth, termina convertido en el representante de un anarquismo aristocrático.

Según la tradición de la falsa desaparición, Jean Orth habría muerto a muy avanzada edad, en Noruega, con el nombre de Hans Koehler. Noruega… país al que pertenecía la Isla de los Osos, a donde fue llevado el Talismán de Seth.

«Una vez más, esto no aclara nada —escribirá Robin—, pero introduce una suerte de lógica insana, de coherencia perversa».


EMISARIOS DE LA ORDEN NEGRA

El Miércoles 8 de Julio de 1987, Pierre recibe una llamada de tres misteriosos personajes que dicen pertenecer a una poderosa organización que utiliza la Orden de los 45.

Luego, cuando se dispone a entrar en su auto, es abordado por un «Misterioso Desconocido» cuya semejanza con el famoso esoterista René Guénon (fallecido en 1951) es impresionante.

Éste Guénon maduro, tal como se ve en sus fotografías de El Cairo, le pregunta qué piensa de sus actividades actuales y sonríe cuando Pierre le confiesa su asombro.

La breve conversación con el «Guénon» resucitado termina con la promesa de un nuevo encuentro. Pierre, visiblemente alterado, llama inmediatamente a Robin, como solía hacer.

Éste piensa en un «ardid» de los Compañeros, utilizando a uno que se parece mucho a Guénon para mistificarle o «condicionarle», y le sugiere ir donde el Padre Martin a exigirle una explicación.

Éste va al apartamento del Padre Martin, que recibe de mala manera a Pierre y su hipótesis y jura por Dios y María Santísima que jamás había visto a ese «Guénon». Finalmente, lanza a Pierre una advertencia contra el… Diablo.

Días después, Pierre recibe la llamada de un alemán con acento bávaro (reconoce el acento, ya que su padre es bávaro), que dice llamarse Helmut, y que le propone una cita en un camino rural.

Pierre acepta y se encuentra con un judío alemán, aparentemente diplomático, cuyo tono le irrita un poco:

—La subversión del desorden es el orden —le dice.

Helmut se refiere a los Compañeros Secretos como «Boy Scouts» y «cooperadores estúpidos», señalando, con irónico desdén, que en estos momentos «se portan bien», en un monasterio belga donde suelen hacer retiros.

En este punto del relato de Pierre, Jean Robin no pudo evitar recordar las palabras de J. Parvulesco, donde da muestras de una increíble intuición, más si se tiene en cuenta que no conocía lo que ocurriría. En efecto, en «La Espiral Profética», escribía:

«Es imposible no comprender que la Orden de los Cuarenta y Cinco […], es, en realidad la representación dialécticamente invertida de la Orden Negra, su muralla exterior […] su manta sacrificial, la parte […] que se deja ver deliberadamente […]

»La Orden de los Cuarenta y Cinco sólo sería la sombra, una de las sombras proyectadas sobre el mundo, y sobre la historia en progreso, por la permanencia inmutable de la Orden Negra […]».

Finalmente, respondiendo a Pierre, que le interroga sobre sus líderes, Helmut le confía:

—Los jefes de todos nosotros, es el Argond.

Aparentemente, la organización que representa, ha entrado en una fase de intensa actividad cuyo objetivo es 1992, fecha que constituiría la cuarta etapa de un proceso que cuenta con 7. (¿Existiría un lazo con las cartas de De Gaulle?). Una vez más, se despiden con la promesa de un nuevo encuentro.

De hecho, el mismo personaje restablecerá contacto el 21 de Agosto por la mañana. La cita se fija para el 3 de Setiembre, en el Pico Nora (donde se encuentra la antena repetidora para la región Midi-Pirineos), o en el Valle de Arán. Pierre se encontraría allí con los responsables y sabría finalmente lo que se espera de él.

Mientras tanto, el Lunes 27 de Julio, otro enigmático personaje solicita una entrevista, esta vez en el domicilio de Pierre. Se llama Manfred Lickers. Pese a su nombre germánico, se trata de un escocés oriundo de Glasgow, pero que habla un francés perfecto.

Llega a la casa de Pierre acompañado de un árabe que no pronuncia ni una palabra durante el encuentro. Solamente realiza una sesión de quiromancia.

A Pierre le impresiona la belleza y cordialidad de sus visitantes. Tal vez le recuerdan a los impresionantes «Superiores Desconocidos» de la mitología clásica de las Sociedades Secretas.

Manfred Lickers efectúa un interrogatorio encubierto acerca del itinerario espiritual de Pierre. Éste hace una referencia incidental a su amigo Jean Robin, al mencionar sus libros (Lickers tuvo la extrema amabilidad de recordar las «fructíferas investigaciones» de este investigador).

Mientras Pierre relata su entrevista anterior con Helmut y confiesa su extrañeza acerca del «Argond», escucha en tono de reproche:

—Pero vamos, el Argond, es el Dragón.


EL DISCO VOLADOR

Finalmente, el 3 de Setiembre, Pierre se dirige al Pico de Nora, habiéndose descartado el Valle de Arán. Allí, Helmut comienza enseñando a Pierre las ventajas de un nuevo sistema de navegación aérea.

Tras 5 minutos de espera en aquel escenario salvaje, Pierre pudo percibir un silbido que casi alcanzaba el límite del ultrasonido, que iba incrementándose, sin que nada visible apareciese.

—Por favor —dice Helmut con su eterna sonrisa, más socarrona que nunca, mientras se desplazaba—. Puede entrar.

¿Entrar a dónde? Pierre no veía nada. Sin embargo, da tres pasos, un tanto avergonzado por el gesto aparentemente tan absurdo… y casi cae contra una escalera mecánica que acaba de «materializarse».

Al levantar la mirada, comprueba atónito que lleva a un enorme Disco Volador apoyado en cuatro patas: el típico platillo que se dibujaba en las revistas de los años 50, de forma elipsoidal. Y un color blanco brillante que recuerda las lentes de mercurio, y parece surgido de otra dimensión.

Pierre, con evidente emoción, asciende por los peldaños de la escalera y entra en un compartimento, cuya sobriedad le asombra. Pocos cuadrantes. No hay ventanillas. El único piloto se limita a pulsar un botón y la nave despega.

Al parecer, el artefacto funciona gracias a fuerzas antigravitacionales, y emplea las redes telúricas subterráneas y magnéticas aéreas.

Para cambiar de dirección, existe un sistema de agujas, «reductores de rotación» que crean en el interior de la nave una corriente magnética completamente artificial que enlaza la corriente inicial y la del nuevo rumbo.

Pierre también menciona a Robin la «aceleración de Coriolis», pero en este punto, el investigador empieza a perderse un poco...


BASE INTRATERRESTRE EN VALPARAÍSO

Al cabo de sólo 30 minutos, Pierre se encuentra en Chile (el trayecto desde Barcelona tarda 16 horas de vuelo).

A unos 10 Kms de Valparaíso, la nave se desmaterializa momentáneamente, para pasar a través de una pared rocosa. Pierre siente como si le arrancasen un traje de buzo.

Pronto, se encuentra en el interior de una red de túneles subterráneos cuyo equipamiento recuerda a una película de Ciencia Ficción. El viaje desde el Pico Nora ha durado sólo 35 minutos. Pronto nota que la lengua empleada en ese lugar, es el francés.

Según Pierre, también las personas, solas o en grupo, pueden atravesar la pared rocosa gracias a un Bastón Dorado que recuerda al Bastón de Aarón. Cuando son varias personas, van en fila india detrás del que porta el Bastón. Al aproximarse a la pared, el Bastón emite una fuerte luminosidad, y sin más trámite, los hombres atraviesan la roca.

Las personas del subterráneo pueden también crear «réplicas psíquicas» de los Discos Voladores. Para hacerlo, introducen una nave en una enorme campana de vidrio, y después ponen en funcionamiento algunos «aparatos». Unos instantes más tarde, un aura luminosa se eleva y crece hasta recubrir por completo la nave.

—Está estable —declara un técnico.

La campana se levanta para poder sacar la nave original, y luego vuelve a bajar. Un flash blanco, azul y amarillo ilumina la campana, y 10 segundos más tarde le sigue un flash amarillo: una nueva nave aparece, idéntica al «modelo», pero sin consistencia: puede atravesarse.

—No es mala imitación, ¿No? —concluye el técnico con una sonrisa.

De los subterráneos, a veces del ancho de dos autopistas, sólo puede recorrerse una mínima parte, y es posible que surquen todo el continente. Pierre oyó hablar de La Paz… Todo se encuentra bañado por una luz blanca amarillenta, que parece solar, sin que se pueda determinar de dónde proviene.


¿QUIÉNES SON?

La Orden cuenta con cerca de 350.000 miembros de todos los países (unos mil de ellos son franceses), y van y vienen entre los subterráneos y el mundo exterior.

En esta organización, árabes y judíos conviven pacíficamente. Y, según pudo comprender Pierre, uno de los objetivos de sus inspiradores es la utilización de la «Fuerza Psíquica» del Pueblo Elegido.

Sus miembros nunca se dejan ver, salvo a los «invitados» que hubiesen aprobado con éxito las pruebas psíquicas. La multitud de oscuros recibe las órdenes por medio de altavoces, mientras que los Altos Iniciados se desplazan por levitación.

El Argond, su círculo dirigente, está compuesto por 7 alemanes y, cosa extraña, todos enamorados de Francia. Al referirse a ella, se les llenan los ojos de lágrimas.

Los hombres del Argond dicen a Pierre que esperan a «Aquel Que Ha de Venir». Eso es lo que los retiene, por así decirlo, ya que disponen ya de los medios para conquistar el planeta.


EL CHESHKIN

Veneran a una curiosa manifestación que llaman el Cheshkin, «nacido de las entrañas de la materia»: una especie de llama verde con reflejos verde pálido en los bordes. También se puede ver en el centro un movimiento espiral, a la vez ascendente y descendente, de color amarillo.

Esta extraña manifestación la conservan en un santuario, un nicho de piedra de 2 mts de alto. El Cheshkin se encuentra suspendido en el aire: está en contacto con la parte superior del nicho, pero no con la base, de forma tal que nada parece sustentarlo. A cada lado del nicho, 6 luces verdes recuerdan la lámpara roja del Santo Sacramento.

Cinco veces al día, los habitantes del subterráneo van a «recargarse», y se puede observar un curioso fenómeno:

Los Iniciados Menores de la Orden parecen saturarse de una energía demasiado fuerte para ellos, y se retiran rígidos, con movimientos entrecortados que recuerdan a los robots. Los Iniciados Mayores, por el contrario, dominan a la perfección esta energía y su comportamiento no se altera.

Finalmente, 12 Sacerdotes, Guardianes del Santuario, se turnan constantemente para velar el Cheshkin. Están ataviados con un vestido blanco adornado con una Cruz de San Andrés verde. Detalle curioso: todos son indígenas.

Según le explicaron a Pierre, «Aquel Que Ha de Venir» vendrá cuando el Cheshkin se solidifique.

Robin piensa que el Cheshkin sería una aparente hipóstasis de la Shekinah, «Presencia Real» de la Divinidad, en relación con Agartha. Y de los Sacerdotes indígenas, piensa en un posible vestigio de la Tradición Atlante (de Raza Roja).


EL CADÁVER DE HITLER

En un segundo viaje, a Pierre se le muestra el cadáver de Hitler, conservado en un relicario hexagonal. Según le explican, Hitler no se suicidó en el Búnker, como indica la versión oficial, sino que murió en aquella Base Subterránea en Abril de 1953.

Alemania, le contaron, fue abandonada por la Orden Negra el 10 de Febrero de 1943, sin que Pierre pudiese comprender qué importancia tenía esa fecha. Sólo pudo saber que en Valparaíso se consideraba con verdadera condescendencia a algunos jerarcas «intelectuales» del Tercer Reich.

Para más extrañeza, al lado del cadáver de Hitler, estaba el de de Raoul Wallenberg, aquel diplomático de familia sueca que, según la versión oficial, había salvado a miles de judíos húngaros durante la guerra, desapareciendo misteriosamente en 1945, «secuestrado» por los soviéticos en Budapest.

Según le explicaron, en 1945, Wallenberg había ido a Kiev a hacer un «stage». Tampoco hubo secuestro, sino que, simplemente regresaba al seno de la Orden Negra (donde numerosos soviéticos, muy hostiles a Trotsky, consideran al bolchevismo como un mal necesario).

Pierre estuvo demasiado asombrado ante esta historia para formular preguntas inteligentes, para las cuales, seguramente, no le habrían brindado las verdaderas respuestas.


LOS CONDENSADORES MAGNÉTICOS

Posteriormente, Pierre formó parte en dos expediciones nocturnas a la mítica región francesa de Rennes-le-Chateau: la primera para desplazar cierto «Talismán de Isis» unos kilómetros. Y la segunda, para instalar tres «Condensadores Psíquicos» que reproducen a escala reducida el Cheshkin.

Tal vez, con ello se pretenda propiciar el advenimiento del Gran Monarca francés, profetizado desde la Edad Media...

Pierre contó a Robin que el Cheshkin original había redoblado su actividad: la misteriosa energía que emite, había causado varios muertos en las filas de la Orden Negra. Por esta razón se había decidido limitar a 3, en lugar de 5, las visitas cotidianas al «Santuario».


FUENTES:
  • «Operación Orth» (Jean Robin).
  • «¿Quién mueve los hilos del mundo?» (Monográfico de Rev. «Más Allá», Junio de 1993).